Biografia del Batigol
Gabriel Omar Batistuta es en la actualidad y desde casi dos décadas un
hombre de trascendencia internacional. Sus años de deportista de elite
y sus maneras de manejarse en todo este tiempo lo han colocado en un
lugar de privilegio, no sólo en el mundo del fútbol si no también en
los terrenos de las relaciones públicas, las empresas y sobre todo en
el respeto general de todos los que lo conocieron, trabajaron y
trabajan directa o indirectamente en sus proyectos. Batistuta es en la
opinión pública general, dentro y fuera del país, una persona con
altísimos niveles de aceptación y valoración.
Nació en Reconquista, Santa Fe, en el primer día de febrero de 1969.
Allí pasó los años de su infancia en una familia trabajadora junto a
sus padres Osmar Batistuta y Gloria Zilli y sus hermanas Eliza,
Gabriel y Alejandra. Antes de sumar toda su inteligencia, su
convicción y su tenacidad al fútbol, “Gaby” le dedicaba el tiempo a
los estudios y al deporte en general. Hasta que finalmente observó que
ese juego que era la pelota podría ser un medio de vida en el futuro.
Entonces no dudó en aceptar el pedido de Newell´s de ir a Rosario.
En sus años de pensión siempre se fijó metas que fue cumpliendo con
esfuerzo, dedicación y sobre todo ganas de aprender. A los pocos años
de su llegada al club rosarino, se inició su carrera como futbolística
profesional. Debutó en 1988 mostrando que su potencia y su fuerza en
el campo de juego no detendrían su marcha. De allí dio el salto a
River donde luego de un muy buen comienzo y algunos goles, tuvo que
eludir el obstáculo de un entrenador que no le gustaba su juego. No lo
dudó y se fue. Arriesgó y ganó. Mientras la posibilidad de volver a
Rosario era fuerte, Batistuta decidió seguir hacia delante y fue a
Boca. Fue el primer paso para su fama goleadora. El “Batigol” entraba
a las ligas mayores en donde permanecería por más de 10 años.
Boca le dio el pasaje a la Selección Nacional que buscaba un referente
post Maradona y Batistuta empezaba a ganarse ese sitio, con títulos,
goles, grandes actuaciones y una humildad inquebrantable. Hasta estos
tiempos es uno los máximos referentes históricos del equipo argentino.
La ida hacia Europa y la llegada a Fiorentina tampoco fue
desapercibida. En un par de temporadas se convertiría en ídolo máximo
de una ciudad que lo amará por siempre. Luego Roma lo tentó y lo
convenció de dar otro salto. Lejos de sentarse en los laureles
obtenidos, Batistuta siguió enfrentando nuevos desafíos y nuevas metas
y como en toda su vida lo hizo con la seriedad y el esfuerzo que le
exigían sus convicciones. Otra vez hubo éxito y premio para quien ya
estaba en lo más alto del mundo del fútbol. Tras un campeonato
inolvidable en la capital italiana, fue hacia Inter otro grande de la
península itálica. Los tiempos de cierre de su carrera futbolística lo
llevaron a Arabia donde se fue campeón y goleador.
Batistuta dejó el fútbol sin reproches ni cuentas pendientes,
repitiendo una frase que lo describe, “en cada cosa que me propuse
hacer, dejé hasta la última gota de sudor, no guardé nada, deje todo
por cada una de las metas que tuve”. Esa filosfía no cambia en Gabriel
Batistuta que sigue estudiando las posibilidades de ser entrenador,
que sigue buscando proyectos e ideas para su futuro y que sigue
cultivando la imagen sin dobleces de una persona pública invalorable.